Selección de trabajos:
Donde cuento historias con mi propia mirada.
“El cine es la vida misma, pero sin las partes aburridas.”
— Alfred Hitchcock
Lo que comienza como una idílica caminata de montaña para un hombre meticuloso, se transforma en una pesadilla de supervivencia tras sufrir una fractura abierta en la pierna.
Solo, sin cobertura y atrapado en un territorio hostil, deberá transformarse en algo salvaje para sobrevivir.
Deberá arrastrarse sobre el barro, el dolor y su propia humanidad, mientras un depredador imponente sigue su rastro de sangre.


Hace treinta años, un circo ardió entre risas y fuego.
El alma del payaso que murió allí quedó atrapada en una vieja radio.
Años después, Teddy la encuentra.
Desde entonces, la radio lo consume, lo transforma, lo obliga a parecerse al payaso que murió.
De noche, recorre las calles con ella encadenada a su mano, robando la esencia de quienes se cruzan en su camino.
En un búnker subterráneo, un soldado herido y aislado espera su destino tras la caída de su escuadrón. Con una radio antigua, es contactado por su comandante con un mensaje claro: el enemigo está a punto de entrar y ya no hay retaguardia. Solo queda una opción: la activación final. Con un chip inerte en su cuello y una sola bala en la mesa, el último en pie debe decidir si se convierte en contención… o en sacrificio.


En una noche sin luna, un hombre solitario sintoniza una vieja radio que no debería seguir funcionando.
Entre el ruido y la estática, comienza a escuchar voces que no pertenecen a este mundo. Cada frecuencia que gira lo acerca más a algo que se esconde al otro lado del sonido… una entidad que vive en las ondas, alimentándose de quienes la escuchan.
Lo que empieza como una simple curiosidad se convierte en una obsesión enfermiza.
Las luces parpadean, los susurros se transforman en gritos, y pronto ya no hay diferencia entre el ruido exterior y los gritos en su cabeza.
En esa frecuencia maldita, el silencio es imposible… y escapar, también.
En una casa solitaria al borde del crepúsculo, alguien llama a la puerta.
Al otro lado, el umbral es una frontera entre lo cotidiano y lo inexplicable.
Una figura espera. Una voz susurra desde la noche. Un secreto acecha tras cada mirada hacia el cerrojo.
Lo que parece un simple “toc toc” se convierte en el latido de un miedo que no conoce descanso.
Porque cuando “tocan a la puerta”, no siempre estás tú quien responde.


En un barrio apagado donde los medidores ya no registran nada, una fuga silenciosa de gas se convierte en una presencia más viva que ninguno de los vecinos.
Un Grifo que gotea en la oscuridad, una puerta que vibra sin que nadie la toque y una luz que se apaga sin explicación marcan el inicio de una espera que se alarga hasta el amanecer —o quizá más allá.
Y entonces lo escuchas: un susurro fangoso que sale del arrancar del motor del coche, del encender del horno, del simple aliento de quien debería estar dormido.
Ese gas-invisible no solo amenaza con asfixiar lo físico… empieza a consumir lo mental, lo íntimo, lo que creías seguro en tu propia casa.